1. INTRODUCCIÓN
La historia de la idea de “indio” es la historia de la disputa filosófica por tratar de conseguir la unión de los buenos propósitos con el embriagante opio del poder y de la comodidad.
En pleno siglo XX, la cuestión social relacionada con la abolición en de la servidumbre de los indios, ha sido un tema de discusión que ha alcanzado el interés tanto humanitario como político y económico, que en la época de la conquista española. Y no solamente en el Ecuador, sino en el Perú, Bolivia,
Chile, México y en casi todos los países indo españoles de nuestro continente.
Chile, México y en casi todos los países indo españoles de nuestro continente.
La democracia, el republicanismo, ha llamado al imperio de las libertades políticas consignadas en los derechos del hombre, para derrotar aquellos sistemas caducos de las ambiguas monarquías, y al otro día del triunfo, el indio ha quedado más esclavo como nunca estuvo en las encomiendas y las mitas.
Indudablemente la caída de los pueblos americanos frente al poder español se suscitó a raíz de una violenta derrota intelectual, además de otros tantos factores.
“El hombre contemporáneo vive dos dramas, el uno de piel hacia dentro y el otro de piel para afuera, que al final son uno solo: la angustia del tiempo que nos ha tocado vivir. Quiero mostrar a estos dos hombres distintos, el pasado y el futuro en esta lucha presente”[1], Oswaldo Guayasamín. Acotando a la frase citada, se puede afirmar que por motivos estrictamente sociales, más allá de políticos, religiosos o económicos, el mundo actual en el que vivimos ha demostrado un rechazo profundo y mezquino hacia nuestras raíces, hacia todos los indios, hacia todos los indígenas. Un rechazo que va de la mano no sólo al desprecio cultural de un pueblo sino también a la discriminación de nivel educacional de los mismos.
El desprecio e incomprensión hacia sus manifestaciones plásticas, rituales y simbólicas equivale a negar la creatividad de todo ser humano, en todos los tiempos, en todos los ámbitos del pensamiento. Es evidente que el término de indio, por tanto, no solamente designa a un grupo cultural específico sino un estrato social y político. No solamente designa a individuos que pertenecen a una comunidad india, designa algo más y no un contenido simbólico o material especial, sino un tipo de relación con la sociedad nacional.
En la actualidad, la palabra “indio” ha sido recuperada por los indios mismos como signo de identidad y lucha.
La finalidad de este ensayo es conocer y mostrar a través del estudio de la pintura indigenista ecuatoriana, los diversos aspectos que han vividos nuestros indígenas, vivencias plasmadas en los cuadros de uno de los mejores exponentes iberoamericanos de la pintura indigenista y del realismo social latinoamericano, un hombre de orígenes indios y mestizos, por Oswaldo Guayasamín.
2. PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA
A pesar del gran avance en el campo científico y tecnológico que hemos experimentado durante estos últimos cincuenta años, nuestra estructura mental no ha sido capaz de adaptarse a la sociedad actual, aceptando toda la diversidad de pensamientos sociales, políticos, económicos y religiosos.
En la actualidad es muy preocupante la discriminación racial existente en todos los países del mundo. Es inconcebible, el poder justificar el maltrato y discriminación, entre las personas debido a sus orígenes.
En la sociedad todavía existe el temor o mito de decir a viva voz de donde provenimos. Por esto es preciso estudiar, analizar y reconocer la importancia de todas y cada una de estas identidades culturales que poseemos.
3. OBJETIVOS
3.1 OBJETIVO GENERAL
· Conocer, identificar y apreciar la realidad de los pueblos indígenas, plasmados en las pinturas del maestro Guayasamín.
· Determinar algunos de los factores que influyen en la sociedad, para que éstas no se sientan identificadas con antepasados.
3.2 OBJETIVOS ESPECÍFICOS
· Interpretar el contexto, el mensaje y argumentos que Oswaldo Guayasamín emplea en la creación de sus obras.
· Comprender y verificar el nivel de impacto a nivel internacional que Guayasamín ha ocasionado con todo su trabajo.
4. REVISIÓN DE LITERATURA
4.1 Indigenismo en el Ecuador
Durante el siglo XX, la producción plástica en el Ecuador se ha caracterizado por la presencia de una preocupación permanente para alcanzar las proporciones de la universalidad del arte y los esfuerzos por representar y encontrar la identidad local y nacional. Esta preocupación se manifiesta de diversos modos, tanto en las adaptaciones de las temáticas como en las técnicas que se emplean, dando como resultado estilos duraderos y otros muy efímeros en este medio.
“El indigenismo es uno de estos estilos característicos y posiblemente uno de los más persistentes en la plástica ecuatoriana”[2] En éste, se ha llegado a encontrar un punto de “equilibrio”, puesto que no es solamente una estética, está muy relacionado con la antropología, sociología incluso con la poesía de la realidad social, es un movimiento cultural que afecta al sentido de toda la producción ideológica social y a la organización política en el ejercicio de su poder.
Los regímenes de explotación de trabajo y la apropiación de recursos privados y colectivos se han desarrollado desde la colonia, con el asentamiento de colonias extranjeras en nuestras tierras.
Las estrategias que los colonizadores emplearon para subordinar a la sociedad bajo su mandato fueron la institucionalización y formalización de toda actividad económica, social y política, además de la artística, lo que produjo una variedad de estilos, dependiendo de su relación histórica y regional, predominando así el indigenismo.
“El indigenismo es una forma particular de actuar sobre los pueblos indios; como un estilo cultural, un modo de representarlos”[3]. En otras palabras, el indigenismo es una propuesta para denunciar la discriminación social de los hombres hacia los propios hombres, acercándonos a la realidad de los pueblos y definitivamente al clarísimo vínculo que nos hace uno solo. Es un espejo que refleja una parte de las circunstancias y situaciones de las que han tenido que vivir durante todos estos años.
En la década de 1930, el indigenismo en el Ecuador tomó forma de revolución política y artística; después de veinte años se convirtió en un arma de dominio empleada por el Estado, lo que utilizaban como discurso político realizando una “denuncia social”, pero en la práctica éstos dejaban mucho que desear, pues olvidaban todo a lo que habían apelado.
En los últimos diez años, la organización de los pueblos indígenas les ha llevado a poder participar de una manera más concreta dentro de la sociedad actual, demostrando sus capacidades artísticas e intelectuales.
Los primero pintores indigenistas han sido al mismo tiempo líderes intelectuales, siendo figuras culturales polifacéticas, especializados en varios temas sociales y humanísticos, y ahora son fundamentalmente artistas plásticos.
Uno de los rasgos esenciales del indigenismo es el plano descriptivo, introduce el mundo cultural indígena como elemento principal de su argumento, como un elemento de inclusión, de incorporación y también de protagonismo de la historia.
Otro rasgo que destaca en el indigenismo es el carácter crítico y comparativo que este posee, la miseria frente a la riqueza, la explotación frente a la “justicia”.
Finalmente, en el año de 1920 se hace evidente la producción indigenista, aunque no es plenamente compartida con otras tendencias artísticas e intelectuales.
4.1.1 La pintura indigenista ecuatoriana
El indigenismo descriptivo y testimonial es el que ha predominado en la plástica ecuatoriana. “Los artistas ecuatorianos eligieron pintar o esculpir la figura humana indígena como medio para salir del academicismo, centrado en el paisaje y la reproducción de los modelos clásicos.”[4]
Artistas como Pinto, Rendón o Egas presentan en sus obras algo más allá de algo meramente descriptivo o iconográfico, pues sus obras contienen un profundo signo crítico. Al igual que Pedro de León, José Enrique Guerrero y Víctor Mideros, todos ellos pueden ser vistos como precursores de esta temática. Y tras éstos encontramos a Diógenes Paredes, Eduardo Kingman, Galo Galecio, Leonardo Tejada, entre otros, que constituyen el grupo de pintores que dan al indigenismo su concepto y carácter definitorio dentro de la historia del arte ecuatoriano.
Cabe mencionar que todos ellos reciben influencia del movimiento indigenista mexicano, reflejándolo en la temática y en la cromática que emplean, pero la diferencia principal es que no reproducen el muralismo, que es la reinterpretación gráfica de la historia y declaración de la lucha para un mejor futuro.
La cualidad política del indigenismo empezó a desaparecer en la década de 1940, y las formas sociales de producirlo se formalizaron institucionalmente en la Casa de la Cultura Ecuatoriana.
Otros pintores que se iniciaron en el indigenismo, como Guayasamín y Muriel, desarrollaron de estos elementos nuevas propuestas plásticas.
4.2 Quién fue Oswaldo Guayasamín
Oswaldo Guayasamín, pintor, dibujante, muralista, escultor. Es el más famosos pintor ecuatoriano del siglo XX. Nace el seis de julio de 1919 en la ciudad de Quito, en el seno de una familia humilde. Oswaldo fue el primero de diez hijos.
Su padre, José Miguel Guayasamín, era indio y su madre, Dolores Calero, era mestiza. Su padre para poder mantener a su familia realizaba trabajos de distinta índole, como carpintero, tractorista, y más tarde como taxista y camionero. Mientras su madre se dedicaba a las tareas del hogar, también contribuía económicamente vendiendo dulces elaborados por sus manos.
Como él mismo relataba:”Mi padre era carpintero y taxista, mi madre murió muy joven de tanto trabajar, siempre la recuerdo embarazada. A escondidas de mi padre, a quien temía, copiaba en acuarelas las tarjetas postales y las vendía por unos centavos para pagarme los estudios”.
El ambiente en el que creció Guayasamín era lleno de múltiples necesidades insatisfechas debido a su economía no tan favorable.
Al ingresar a la escuela, su desbordada pasión por soñar le causó un problema. No escuchaba a los profesores porque gastaba su tiempo de estudiar en dibujar.
Por aquel tiempo hizo una buena amistad con un niño de apellido Manjarrez, con él emprendía sus excursiones en busca de aventuras y nuevos paisajes para sus dibujos.
En la esquina del barrio en el que Guayasamín residía con su familia, vivía una niña coja y se enamoró de ella. Mientras la niña solía atender la tienda de su madre, él, para demostrarle su afecto, con unos papeles le hacía anillos, pendientes y collares.
Como en nuestro país, las revueltas políticas eran muy comunes, por ese entonces los conservadores habían perdido por la descalificación de un candidato a la Presidencia, e iniciaron una guerra, convirtiendo a Quito en escenario de batallas sangrientas, dándose lugar la “guerra de los cuatro días”.
Y como era de esperarse, todas las familias asustadas no salían de sus casas, y fue aquí que Guayasamín sufrió su primer golpe.
Pacificada la cuidad, los niños recorrían las calles, las plazas, mirando aterrados los muertos dispersos por todas partes. Guayasamín junto a otros niños llegó hasta el cementerio de San Diego, y mirando absorto aquellas imágenes pudo reconocer entre aquellos cadáveres a su amigo Manjarrez.
Fue tan dura, tan cruel la experiencia, que años más tarde, cuando ya era artista, sacudido por el recuerdo de su amigo, pintó el cuadro “Los niños muertos”, como homenaje a esa amistad que terminó la muerte.
A los doce años de edad, después de terminar la escuela, comenzó a dibujar y pintar sin descanso. Y tiempo después ingresó a la Escuela de Bellas Artes de Quito. Para ello contaba con el apoyo incondicional de su madre, pero su padre por su parte, no estaba de acuerdo con la decisión que había tomado.
Se destacó como el mejor alumno de su clase y los profesores poco a poco se dieron cuenta del don que Guayasamín poseía.
Debido a un conflicto con la Escuela de Artes, tuvo que abandonar esta, pero tiempo después retornó a sus estudios con una beca de quince sucres mensuales.
En aquella época Guayasamín se enamoró de una joven llamada Maruja Monteverde, y como si fuera poco tuvo que vivir su amor en el drama típico de la discriminación por su posición social.
Cuando terminó sus estudios, se mudó junto a su esposa e hija, Saskia, a un pequeño cuarto, y comenzó a pintar sin descanso alguno. Su primera muestra la inauguró en Quito y luego la llevó a Guayaquil, donde un famoso coleccionista, sorprendido con el talento del joven pintor compró varias de sus obras, mejorando así su situación económica.
Esta exposición produjo un gran escándalo por lo que supone de revolucionaria frente al estilo de la Escuela de Bellas Artes.
No pasó mucho tiempo cuando le llegó una invitación para visitar los Estados Unidos.
Su afán por comprender y compenetrarse en el Arte Universal, lo llevó a visitar galería por galería, museo por museo, y exposición por exposición.
Llegó al punto de obsesionarse tanto con los secretos que guardaba cada una de las obras que había llegado a conocer, que cuando los llegó a descifrarlos sentía estar listo para emprender un nuevo viaje y seguir aprendiendo más para poder pintar.
Es así que su búsqueda lo llevó a México, conociendo a Orozco, también a Lucas Pacciolo y Durero.
Inmediatamente después de su regreso, trabajó durante siete años completos con todo el material que había recopilado en todos sus viajes.
Hasta que en 1952 inauguró su monumental exposición compuesta por más de cien cuadros y un mural. Esta exposición denominada “Huacayñán” o “El camino del llanto” le abrió la fama universal y su consagración definitiva.
Con esta exposición viajó por Estados Unidos, Venezuela y España y en este último país, en la bienal de Barcelona, obtuvo el Gran Premio, con el cuadro “El Ataúd Blanco”. Por desgracia, dadas las circunstancias económicas, Guayasamín tuvo que enajenar la mayor parte de su muestra, quedándose sólo con unos pocos cuadros de su monumental obra.
Se divorció de su primera esposa, y se casó con una mujer que luego le proporcionó diez años de tragedia. Durante ese tiempo concibió su segunda obra magistral, mostrando al mundo el dolor y la tragedia del hombre contemporáneo.
Viajó por el mundo. Conoció a víctimas de la Guerra Civil Española, también escuchó testimonios de la brutalidad nazi- fascista. Al igual que palpo los estragos de la bomba en Hiroshima.
Este viaje duró otros siete años, en los que reunió más de cinco mil dibujos que forman base de su obra contemporánea: “La Era de la Ira”, compuesta por 250 cuadros.
Junto con otros escritores y artistas realizó el movimiento de Renovación de la Casa de la Cultura que, durante la dictadura militar de 1963, fue silenciada.
Por aquel tiempo, contrajo su tercer matrimonio. Siguió trabajando con si obra “La Era de la Ira”. Con ella visitó Roma, Praga, Madrid, Barcelona, México, Bogotá, Santiago de Chile.
Su mayor éxito lo alcanzó cuando el Museo de Arte Moderno de París le abrió sus puertas. Sólo tres pintores universales han tenido el honor de exponer, en vida, en este, museo: Chagall, Picasso y Guayasamín.
Guayasamín fue amigo personal de los más importantes intelectuales y estadistas del mundo progresista, y ha retratado a algunos de ellos, como Fidel y Raúl Castro, Francois y Danielle Mitterrand, Gabriel García Márquez, Rigoberta Menchú, entre otros.
En los últimos días de su vida, permaneció en su casa, pero por un problema visual que tenía, fue trasladado a Estados Unidos. Fallece de un infarto en Baltimore, Estados Unidos, el 10 de marzo de 199, a los 79 años.
4.2.1 Obras pictóricas de Guayasamín
Para Guayasamín, quien vivió dedicado en cuerpo y alma a su creatividad, el arte era su filosofía de vida. “Pintar es una forma de oración, al mismo tiempo que de grito”, repetía incansablemente el artista.
Su obra marcó la tendencia del realismo social latinoamericano, transitando por el movimiento muralista mexicano hasta el expresionismo. A lo largo de su vida, Oswaldo Guayasamín trabajó tres grandes colecciones que reflejan los motivos que le inspiraban: Huacayñán (El Camino del Llanto), La Edad de la Ira, y La Edad de la Ternura. Todas estas obras se caracterizan por sus fuertes y dramáticas pinceladas que expresan el compromiso y preocupación del pintor por la justicia social.
Guayasamín realiza un examen de conciencia de la noche tenebrosa de la injusticia y del dolor humano. En un primer momento hace naturalismo, un naturalismo duro, pero con peculiar toque de ternura.
El estilo guayasaminiano se caracteriza por: “figuración geometrizada, reducida a sus elementos más expresivos; cada elemento netamente dibujado, con gruesa línea- pastosa, rica- que marca las junturas-divisiones, y tratado a enérgicos espatulazos de blancos, grises y ocres, o cálidos asordinados; más rayados para lograr una línea casi incisa”[5]
Según Federico Mayor Zaragoza, ex director de la UNESCO, Guayasamín es el artista que mejor ha sabido reflejar el dolor humano (el pintor pensaba que el siglo XX podía ser considerado como el más horrendo de la Historia de la Humanidad) y una de las raíces históricas más importantes de América. Sus murales, de enorme expresividad, se encuentran, entre otros lugares, en la sede de la UNESCO en París, en el Aeropuerto de Barajas en Madrid, en la sede del Parlamento Latinoamericano y en el Congreso Nacional en Ecuador.
En la obra de Guayasamín existen elementos particulares que le caracterizan. Uno de estos elementos es, sin duda alguna, la concepción de sus obras en serie, constituyendo en varios cuadros una unidad de pensamiento o de expresión. Y es aquí donde el artista reconoce tres fuentes de las cuales se puede tomar “inspiración”: en el Medioevo, en las iglesias románicas y la vida de los santos a través de las imágenes que representan su vida.
Otro de los elementos particulares en sus obras es la ausencia de perspectiva. Consideraba que “el recurso de la perspectiva en un plano es tergiversar la realidad falseándola, ya que como su nombre lo indica un plano no puede tener profundidad”[6]. Además, cabe señalar que Guayasamín había heredado algunos rasgos del arte precolombino.
Una de las características en Guayasamín es en el proceso previo a la plasmación de sus ideas. Había obras que pintaba, generalmente con gran velocidad, y ya estaban pensados años atrás y sólo faltaban de su elaboración. Y en otros casos, realizaba un largo estudio, realizando un sinnúmero de dibujos antes de realizar cualquier pintura.
Ha recibido condecoraciones y premios como: el primer premio del Salón Nacional de Acuarelistas y Dibujantes en Quito (1948), el Gran Premio de Pintura en el III Bienal Hispanoamericano de Arte en Barcelona (1956), el premio al Mejor Pintor de Sudamérica en la Bienal de Sao Paulo (1957) y finalmente el Gran Premio del Salón de Honor en la II Bienal de Pintura, Escultura y Grabado en México (1960), entre otros.
4.2.1.1 La Capilla del Hombre y la Fundación Guayasamín
Guayasamín tenía una religiosidad laica muy particular que lo empujó a realizar como última gran obra inconclusa la famosa "Capilla del Hombre" en la que quería resumir los gritos y las esperanzas, la ira y la ternura del tiempo que le tocó vivir. El artista decía: "Mi pintura es de dos mundos: de piel para adentro es un grito contra el racismo y la pobreza; de piel para fuera es la síntesis del tiempo que me ha tocado vivir".[7]
Y agregaba: “La pesadilla del hombre que se extiende, el miedo a una guerra atómica, el temor y la muerte que siembren las dictaduras militares, la injusticia social que abre una herida cada vez más profunda, la discriminación racial que destroza y mata; están carcomiendo lenta y duramente el espíritu de los hombres en la tierra. La vieja y lejana esperanza de paz es todavía puntual que nos sostiene en nuestra angustia. Si no tenemos la fuerza de estrechar nuestras manos con las manos de todos, si no tenemos la ternura de tomar en nuestros brazos los niños del mundo, si no tenemos la voluntad de limpiar la tierra de todos los ejércitos, este pequeño planeta será un cuerpo seco y negro, en el espacio negro. “ [8]
La Capilla fue su último y más ambicioso proyecto. Se trata de un monumento en homenaje al hombre latinoamericano en el que el artista plasmó, a través de murales sobre distintas épocas y temas históricos, su tragedia a lo largo de toda su historia.
La Capilla del Hombre es un espacio arquitectónico cultural y un complejo de gran dimensión. Se trata de un memorial de la imagen precolombina dirigido al hombre contemporáneo y un símbolo de quince mil metros cuadrados, concebido durante cerca de doce años y que consta de dos plantas que se terminan en una cúpula con la forma de cono y trunca.
Su repentina muerte a los 79 años le impidió inaugurar su museo más importante y en que se reflejan la canción, el dolor, el llanto, la ira, la ternura, la protesta, los sueños, la violencia, las peleas, el sacrificio y la victoria del hombre latinoamericano, a quien el pintor dedicó todo su trabajo.
4.2.1.2 Etapas de sus obras
Guayasamín explica su proceso creativo como un encuentro de sus experiencias personales de toda la vida con el presente que está viviendo, sus cuadros pintados en series se destacan sobre temas en concretos:
· HUACAYÑAN: Traducido del quichua al español significa “Camino del Llanto”. Es la primera gran serie pictórica o etapa. Es una serie de 103 cuadros pintados durante los años de 1946 a 1952, después de recorrer durante 2 años por toda Latinoamérica. Es una visión de las etnias que componen el mestizaje americano: los indios y los negros, con sus culturas y sus expresiones de alegrías, tristezas, tradiciones, religión, sobre todo de los países andinos.
· LA EDAD DE LA IRA: Esta es la segunda gran serie pictórica o etapa. La temática fundamental de esta serie son las guerras y la violencia, lo que el hombre hace en contra del hombre. Muestra la tragedia de nuestro siglo, está compuesta por 220 cuadros de gran formato, dentro de esa serie hay colecciones entorno a una misma temática, como “Las Manos” (12 óleos), “Mujeres Llorando” (7 óleos). “La Espera” (11 óleos), “Los Mutilados” (6 óleos),”Reunión en el Pentágono” (5 óleos), “Ríos de Sangre” (3 óleos).
· MIENTRAS VIVO SIEMPRE TE RECUERDO: es la tercera gran serie o etapa, también conocida como “La Edad de la Ternura”, es una serie que Guayasamín dedica a su madre y las madres del mundo; y en cuyos cuadros podemos apreciar colores más vivos que reflejan el amor y la ternura entre madres e hijos, y la inocencia de los niños.
Dentro de su extensa obra pictórica serial antes mencionada, también encontramos otras obras artísticas con temas florales. Con ramos de largos tallos y flores carnosas. Por otra parte, en los retratos, Guayasamín nos muestra con gran objetividad a la hora de reproducir los rasgos del retratado. Sus retratos son monumentales, llenos de dinamismo. Su técnica era tan desconcertante, hay retratos al óleo realizados en apenas veinte minutos y con la misma calidad de cuando tardaba, como máximo, tres horas.
5. CONCLUSIONES
El indigenismo ha sido un programa de transformación de la situación de los pueblos indios y del conjunto de la sociedad desde la perspectiva de éstos.
La pintura indigenista representa el esfuerzo por hacer presente la realidad y el origen étnico de la sociedad y de la cultura, mediante la exploración del testimonio humano indígena.
Denunciar la injusticia y la opresión en que habían vivido los pueblos indígenas del Ecuador ha sida la bandera que han llevado muchos artistas, pero en especial Oswaldo Guayasamín.
Citando palabras de este gran maestro: “Yo sé que los ejemplos de tortura física y mental de crímenes cotidianos, son más o menos conocidos. Pero hay otra forma de tortura o crimen oficial, menos visible, menos conocida, pero más devastador, que apunta al mismo objetivo; la destrucción de nuestros pueblos, aniquilando nuestra cultura, convirtiéndonos en consumidores de productos y conceptos elaborados a miles de kilómetros de nuestros países, en esa guerra total que el fascismo a declarado, una vez más, a la cultura.”[9], podemos darnos cuenta que muchas de las veces renegamos, escondemos hasta nos avergonzamos de nuestra identidad, eliminándola de nuestro círculo social, para aparentar y asumir una “posición” meramente cultural ante la sociedad.
Los indios no son una raza diferente, ni una cultura atrasada, son etnias latinoamericanas que han carecido de una defensa jurídica o política ante la injusticia económica.
El reconocer y el aceptar a cabalidad cada una de estas culturas, hará de nosotros seres más consientes de la denuncia social, que día a día, todos los indígenas, incluso mestizos, tienen que luchar; proclamando así un triunfo de unidad.
Guayasamín vio la necesidad del cambio social, de un mundo diferente y en su legado pictórico, se puede percibir su discurso, su palabra, su llamado a todos para pensar y actuar por cambiar la situación del hombre en general, un llamado de entendimiento urgente y necesario entre todos, reconocer a él es reconocer un revolucionario, un luchador, un hombre que fue capaz de traspasar fronteras para llevar su mensaje de transformación.
Precisamente el mérito más grande de casi toda su obra se debe a que estuvieron inspiradas y dedicadas a los pueblos de nuestra América, y sobre todo, la lucha por reivindicar a la gente de sus propios ancestros, sin pensar ni preocuparse nunca de su bien ganada fama.
La humildad y definitivamente el amor por lo que hacía, llevó a Guayasamín a consagrarse como el mejor Pintor de Iberoamérica, al igual que el mejor artista plástico del Ecuador.
6. BIBLIOGRAFÍA
6.1 Jaramillo Alvarado, Pío. “El Indio Ecuatoriano”, Primera edición, tomo VII. Capítulo XXIV, Visión sintética sobre el indio, páginas 153-160.
6.2 Arizpe, Lourdes. El “indio”: mito, profecía, prisión. Páginas 333-343. Tomado de la Colección Educación y Libertad, Ensayos.
6.3 Guayasamín Calero, Oswaldo. “Guayasamín, el tiempo que me ha tocado vivir”. Madrid, Instituto de Cooperación iberoamericana, 1988 (sin más que breves textos autobiográficos, con 264 reproducciones).
6.4 Historia del Arte Ecuatoriano, tomo Cuatro. Colección de la Casa de la Cultura Ecuatoriana.
6.5 Lassaigne Jacques, “Guayasamín, el pintor ecuatoriano que denuncia con su obra la opresión y la injusticia humana”
6.6 Rodríguez Castelo, Hernán “Nuevo diccionario crítico de artistas plásticos del Ecuador del siglo XX”. Centro Cultural Benjamín Carrión.
6.7 “Llanto, ira y ternura, Guayasamín pintor de Iberoamérica”.
6.8 Silva José Félix, “El mural Ecuador de Oswaldo Guayasamín”
6.9 Galería Diners, “100 Artistas del Ecuador”.
[1] Frase citada por Oswaldo Guayasamín, tomada del libro Guayasamín Calero, Oswaldo. “Guayasamín, el tiempo que me ha tocado vivir”. Instituto de Cooperación iberoamericana, 1988. Página 99
[2] Historia del Arte Ecuatoriano, tomo número cuatro, página 189.
[3] Historia del Arte Ecuatoriano, tomo número cuatro, página 189.
[4] Historia del Arte Ecuatoriano, tomo número cuatro, página 191
[5] Rodríguez Castelo, Hernán “Nuevo diccionario crítico de artistas plásticos del Ecuador del siglo XX”. Centro Cultural Benjamín Carrión.
[6] Lassaigne Jacques, “Guayasamín, el pintor ecuatoriano que denuncia con su obra la opresión y la injusticia humana”. Página 14.
[7] , 8 Frase citada por Oswaldo Guayasamín, tomada del libro Guayasamín Calero, Oswaldo. “Guayasamín, el tiempo que me ha tocado vivir”. Instituto de Cooperación iberoamericana, 1988.
[9] Frase citada por Oswaldo Guayasamín, tomada del libro Guayasamín Calero, Oswaldo. “Guayasamín, el tiempo que me ha tocado vivir”. Instituto de Cooperación iberoamericana, 1988. Página 183
6.9 Galería Diners, “100 Artistas del Ecuador”.
[1] Frase citada por Oswaldo Guayasamín, tomada del libro Guayasamín Calero, Oswaldo. “Guayasamín, el tiempo que me ha tocado vivir”. Instituto de Cooperación iberoamericana, 1988. Página 99
[2] Historia del Arte Ecuatoriano, tomo número cuatro, página 189.
[3] Historia del Arte Ecuatoriano, tomo número cuatro, página 189.
[4] Historia del Arte Ecuatoriano, tomo número cuatro, página 191
[5] Rodríguez Castelo, Hernán “Nuevo diccionario crítico de artistas plásticos del Ecuador del siglo XX”. Centro Cultural Benjamín Carrión.
[6] Lassaigne Jacques, “Guayasamín, el pintor ecuatoriano que denuncia con su obra la opresión y la injusticia humana”. Página 14.
[7] , 8 Frase citada por Oswaldo Guayasamín, tomada del libro Guayasamín Calero, Oswaldo. “Guayasamín, el tiempo que me ha tocado vivir”. Instituto de Cooperación iberoamericana, 1988.
[9] Frase citada por Oswaldo Guayasamín, tomada del libro Guayasamín Calero, Oswaldo. “Guayasamín, el tiempo que me ha tocado vivir”. Instituto de Cooperación iberoamericana, 1988. Página 183

Realmente es necesario mencionar cuan importante es nuestro arte, y pmuho ams cuando es plasamdo con grandes artitas como lo es OSWALDO GUAYASAMIN, por eso es tan grato observar cad auni de sus cuadros cuando orienta sus bellas obras artistias al indigenismo de neustro pais, qeu pienso y segun mi apreciacion es una gran muestra qeu no hay nada de que averginzarnos con verderos hombres que solo luchan y se esfuerzan por obtener un bienester no solo individual sino donde se beneficie tambien su familia, eso es cuadro de Guayasamin : realidad, nostalgia y valentia...
ResponderEliminarcomo simepre sofi tus trabajos uno de los mejores creo que este blog es uno de los que mas me ayudo a entder mejores los temas investigados por todos.
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